
La negociación, no cabe duda, es una herramienta extraordinariamente valiosa en todo ámbito de la vida moderna. Sin embargo el actual dinamismo de la realidad globalizada nos impone desafíos inesperados.
En el mundo de los negocios mucho se ha dicho y escrito sobre negociación, sobre técnicas de manejo de crisis, sobre diálogos estratégicos, etc. En el ámbito militar, por otra parte, desde hace mucho tiempo existen unidades especiales entrenadas para enfrentar situaciones que conllevan un alto riesgo o valor estratégico, y que requieren de una acción o respuesta altamente especializada. Estos grupos cuentan con formación, entrenamiento, mando y recursos, singularmente diseñados y dispuestos para que su acción en el campo de batalla sea altamente eficaz y tan eficiente como sea posible.
Dicho lo anterior, comentar sobre una situación que en la actualidad no sólo mezcla ambas realidades, la de los negocios y la militar, sino que además tiene lugar en un escenario internacional, concretamente en aguas internacionales del Océano Índico, y afecta a individuos y empresas de diversas nacionalidades que utilizan algunas de las rutas marítimas más frecuentes del mundo. Me refiero particularmente a las acciones armadas de piratas somalíes que durante el último año han secuestrado una serie de embarcaciones y que tienen aterrorizado a medio mundo. La moneda de cambio de los piratas, por supuesto, no es otra que el dinero. Mucho dinero…
Situación difícil enfrentan líderes y negociadores de diversos países, entre los que destacan súper potencias como Estados Unidos, la Unión Europea, y Rusia. Los piratas somalíes parecen tener una alta noción (y pericia) en lo que a negociación se refiere, así como un instinto empresarial y táctico no menor (ver referencia aquí). Los gobiernos se encuentran “en jaque” desde el momento en que han debido enfrentar a una contraparte que no respeta ninguna de las reglas básicas de la negociación, que no asigna mayor valor a la vida humana, y que actúa intrépidamente (y con una facilidad y descaro que sorprende) en extensas zonas del Índico. Esta amplísima zona de operación impide a las fuerzas internacionales ejercer una actividad eficiente de protección y/o respuesta militar rápida ante estas acciones terroristas. Adicionalmente, una vez perpetrado el secuestro, los piratas buscan refugio en costas somalíes, país donde la anarquía parece reinar por estos días.
Tal es la complejidad de la situación que no existe al día de hoy consenso respecto de la forma de enfrentar esta violenta coyuntura. Gobiernos de países como España y Holanda han cedido finalmente ante los piratas y han pagado rescates millonarios por tripulantes y embarcaciones (ver referencia aquí), lo que representa al final del día una muy mala señal para la comunidad internacional y un incentivo netamente perverso para piratas y terroristas. Paralelamente, los EE.UU. han optado por un accionar militar ante estos incidentes y, concretamente en el caso del portacontenedores capitaneado por Richard Philllips, han logrado un rescate exitoso pero no exento de riesgo para las víctimas (ver referencia aquí).
Como se puede apreciar, y a pesar de las diferentes maneras de enfrentar estos conflictos que hemos podido conocer, lo cierto es que los piratas somalíes han logrado imponer un “estilo de negociación” que rompe con los paradigmas hasta ahora conocidos y que establece la urgente necesidad de contar con una acción naval internacional mucho más potente, coordinada y eficaz, como herramienta clave para hacer frente lo que se podría transformar en un nuevo campo de batalla y que además podría replicarse en diversos teatros de operaciones a lo largo y ancho de la superficie marítima de nuestro planeta.
Para muestra, un botón:
Un superpetrolero griego ha sido secuestrado ayer (29 nov 2009) por piratas somalíes y hoy se dirige hacia las costas de Somalia. (Ver referencia aquí)
Fuentes: RNW, El País, Es más, EFE







